Y llegó el día tan esperado del Concierto, ya en la presentación del acto N. H. María Luisa Lajara, con su brillante oratoria nos decía que "no es un concierto cualquiera, sino casi, y desde luego lo es para nosotros, EL CONCIERTO, ése que cada año y desde hace ya ocho nos regala el Regimiento Inmemorial del Rey, y ése que nos descubre o recuerda marchas procesionales desconocidas u olvidadas o que trae hasta nuestra memoria, nuestro recuerdo, y nuestra emoción, otras que están permanente e intensamente unidas a nuestras propias vivencias cofrades" , y fue una vez más un acontecimiento memorable, llenas las naves de la Colegiata, desde mucho antes del inicio, y con la sonoridad inigualable que siempre disfrutamos en nuestra sede canónica.

Magnífico el repertorio, magistral, como siempre, la dirección del Tte. Coronel Blasco, al frente de la Música del Regimiento, que interpretó las marchas programadas en perfecta armonía, y que decir de nuestra Madrina de los Costaleros, que en sus tres intervenciones, con sus saetas y sus poemas, emocionó hasta el límite a todos los presentes, gracias Angelita, por tu cariño y por tu arte.

Y llegó el momento sublime del traslado de María Santísima de la Esperanza Macarena Coronada, sonaba su marcha, y los Costaleros empezaban, lentamente, a llevarla hacia su Paso, mandaba Juan Carlos Reyes, ese artista del martillo, que conseguía tal conjunción en la cuadrilla que más bien parecía que la Señora avanzaba sobre una nube, formada por el incienso que expandían por el templo los Acólitos, que de nuevo mostraron su elegancia y ejemplar comportamiento, y la emoción embargaba a todos, tanto que muchos no la podíamos ocultar y afloraba a nuestro rostro en forma de líquido elemento, que divina hermosura la de nuestra Macarena, que dulzura en su rostro, cuanto amor en su mirada, no puedo seguir Señora, mis ojos se están nublando, bendita seas.
